Irr Angell's Box

Voy de tu Mano

Enero 24, 2010 · Dejar un comentario

Y en esta hermosa mañana, cargada de Sol; pasaste una vez más frente a mí. Yo estaba sentado en el suelo y me sentía algo desorientado… tú me miraste con los ojos llenos de alegría, y mi corazón se llenó de tu amor en ese preciso instante. La sincronía de nosotros dos, sencillamente fue algo imposible de describir. Enseguida, reconocí que siempre he estado enamorado de ti, desde que era un niño pequeño, y venias a visitarme todo el tiempo, aunque en realidad siempre estuviste ahí. La forma en que te sentabas al borde de mi cama, o cuando me abrazabas con fuerza mientras me quedaba sólo en mi habitación. Siempre estuviste, y yo siempre te amé.

Hoy, afortunadamente te vi nuevamente. Y no tardaron en asomarse lágrimas en mis ojos al reconocerte. Fue fácil olvidar las preocupaciones que tenía, y ese sentimiento desorientado de mi mismo. Sustituirlo por el agua llena de luz que derramabas simbólicamente sobre mi espíritu, con tan solo mencionar mi nombre en voz baja, olvidaba que tu ternura es mi propia ternura, y que eres tu el caballero que esculpió mi corazón. Si bien, no te había visto en un largo tiempo, siempre te había sentido a mi lado, y lo sabes.

Este día, es de esos en los que siento que puedo hacer lo que quiera, que no hay tiempo, no hay espacio, sólo estamos tú y yo en nuestro eterno y perfecto amor. Porque sé que tú me llevas de la mano, y cuando estoy cansado me tomas entre tus brazos, que eres quien me da las alas con las que he de volar, y eres quien asiente su cabeza cuando veo a alguien que me altera el ritmo del corazón. Tú, eres parte de mí, y yo… ciertamente soy tuyo en todos los sentidos. Hoy decidí dedicarle unas sencillas y honestas palabras, al más sublime dueño de mi corazón, a ese héroe fiel que jamás me abandona, y por quien clama mi espíritu incluso cuando no me doy cuenta.

Eres tú la luz que hace florecer en mí, el jardín de esperanza donde he de danzar en mis sueños más supremos. ¡Gracias! Gracias por llenar de ti todo lo que me rodea, y por darle sentido a mi vida, por estar aquí conmigo, noche y día. Gracias por siempre ser mi escudo, ser mi maestro más estricto pero también el único que me ama sin límites. No podría pedir nada más que lo que tú designes para mí. Hoy al verte, siento nuevamente la sangre transitar por mi mano, sosteniendo la tuya… o más bien, tu… sosteniendo la mía.

Caminaré, y sé que es probable que me distraiga, que aun busque cosas que tú no me das directamente, pero a donde sea que vaya, tú vas junto a mí. No temo nada, no hay peso en mi pecho, más que el de un enorme jardín floreciente que has sembrado dentro de mí. Te amo y es incomparable con lo que tú me amas a mí. Gracias por mirarme hoy, acercarte, y levantarme de mi sombra, sencillamente, eres maravilloso.

No me resta más que decir, que te amo con todas mis fuerzas, y que soy feliz de ser parte de ti. Aunque he sufrido, también he sido feliz, y cuando los ángeles son enviados a la tierra,

deben aprender a vivir.

→ Deja un ComentarioCategorías: Caja de Irr

Marfíl Blanco y Negro

Enero 17, 2010 · Dejar un comentario

Es algo tonto, incluso ilógico a veces. Pero, sería difícil que alguien creyera lo que he visto en tus ojos cuando nos adentramos entre las columnas que encierran nuestro tablero de juego. Tus figuras y piezas son limpias, sobrias, incluso a veces son secas y algo inertes. Aún así, mis figuras son bastante estilizadas y siento que con eso logro animar el juego. Cuando finalmente nos situamos uno frente al otro… Podemos percatarnos taciturnamente de lo grandes que son nuestras piezas; miden un par de metros más que nosotros, y sería imposible mover a la fuerza su pesada consistencia esculpida en mármol. Sólo tú puedes mover las tuyas, y sólo yo puedo mover las mías.

Como sea, hoy has comenzado tú. Asumiendo que yo gané la última batalla, pienso que has tomado la iniciativa esta vez. Digo asumiendo, porque a la final es difícil encontrar algún perdedor en este piso de ónix brillante, solamente somos dos amantes del juego que disfrutamos el tiempo juntos. Las horas, a veces ni se sienten. Haz movido a tu aldeano más humilde dos casillas frente a mis guerreros místicos. Quizás, sea una movida arriesgada, pero me deja pensando… ¿Cómo es posible que te arriesgues… desde una posición tan simplista? Algo me dice que no debo atacar de vuelta, tendría poco sentido que usara mis mayores fuerzas para acabar a un sólo aldeano, ¿cierto? Sé que sonríes justo en este momento, una tenue línea que se dibuja en tus labios casi tiesos, puedes negarlo… pero el impulso no pudiste contenerlo.

Podría apostar que, a veces, prefieres que no diga nada, y el juego se lleve a cabo sin que una palabra mía tiente a tu cabeza a perder su orientación estratégica. Pero, nuestras posiciones no me lo permiten. Quizás, cuando estemos jugando más cerca, y puedas acallar mis labios con tu silencio, lo termine haciendo. Sólo para quedarme mirándote. Lo cual te inquietará, y no verás punto relevante sobre que te esté viendo sin decirte nada, pero… lo que es totalmente cierto va desde tus diálogos nerviosos hasta mis “tentadoras palabras”. Es mi turno, yo… enviaré a mi Sacerdotisa a conquistar a tu jefe de Armas, es arriesgado y atenta contra gran parte de mi moral, pero estamos jugando ¿no? La dama con el ave en la mano avanza en diagonal 3 espacios, a menos que me bloquees, iré directo por tu “Chico Duro”.

Subes una ceja, y me miras algo incrédulo. Piensas superficialmente que mi movida es algo tonta y que es más la historia que cuenta que el efecto que posee. Está bien que no confíes en mí, después de todo… tienes que defender tu juego. No me molesta, a la final, sé que te voy a ganar.

Te toca a ti; Samurái desplazado en L, 9 espacios. Justo ante mis aldeanos. Propones algo de masacre. Un emisario no muy positivo directo a las puertas de mis designios. Yo, te digo que me parece algo duro. Tu, intentas retractarte… – “No debí hacerlo” – me dices. Pues, estás algo perdido, ya lo hiciste. Lamentablemente, – o afortunadamente – no podemos deshacer las movidas que tú y yo jugamos. Siempre lo hemos sabido, así que asumo que tu intención de hacerme saber que no “debiste” no es más que un intento de darme el horizonte claro de que te has arriesgado conmigo. A la final, no puedes simplemente irte, y quebrar todas tus piezas contra el suelo, volver polvo lo que juntos hemos construido para conquistar el reino del otro.

Alguien desde afuera, podría decir que somos bastante tontos. Después de todo, el que se arriesga es porque profundamente sigue deseando que su reino sea conquistado bajo alguna forma. Y yo, aunque estoy determinado a conquistar a tu jefe de armas, para que tu reino caiga a mis pies, es indudable que también desearía ser vencido por tu cuerpo de guerreros o que raptaras algunos de mis aldeanos. Podrías tomar de rehén a mi Sacerdotisa y someterla a tu religión, es abierta la contienda a debatirse entre la vida y la muerte tras estas piezas de tonos negros y blancos. Así como es abierta la posibilidad de ganar o perder, de estar encima o de caer vencido. Como sea, sólo quiero seguir jugando contigo.

Es mi turno otra vez; la hija de mi rey saldrá justo al lado de tu Mejor asesino, 6 espacios. Puedes matarla, tomarla y llevarla lejos, o utilizarla para una alianza. Te toca de nuevo… ¿Qué vas a hacer? Ahora, vuelves a tener esa mirada que vi al principio. Estás interesado, y eso agita mi corazón. Sólo espero que sea cierto que no te arrepientes de nada, porque yo contigo,

tampoco me arrepiento.

→ Deja un ComentarioCategorías: Caja de Irr

Estrellas en la Noche

Enero 16, 2010 · Dejar un comentario

Tus Ojos – para mí – no han sido más que dos estrellas sumergidas en la noche de tu largo cabello, el cual cubre gran parte de tu rostro. Si alguien me preguntara si te he visto, físicamente tendría serias dudas. Más allá del hecho de que he visto tu corazón momentáneamente, y que he podido sentir tus latidos, que he sentido tu mentón en mi frente, o que incluso he tocado tus labios… y tus manos. Después de todo, tu si me has visto a mí. Ahora, me invaden dudas de si has visto mi corazón, o si solo te has quedado en mis ojos.

Sé que estás en constante cambio. Yo también, y ayer no era lo que hoy soy frente a ti, al menos no en apariencia. Esta es una escena distinta, una travesía nueva. No te juzgo si te aflige esta diversidad. Podrías huir, eso lo sabes. Pero… ¿podría huir yo? No realmente. No quisiera retroceder, o detenerme. Pero es inevitable el frio que congela mis venas en este instante. Ese silencio incómodo que nos separa por algunos segundos… minutos… horas. Generalmente, he pensado sobre si es aquí el lugar en el que quisieras estar, pero tu superficial apatía me hace pensar que te daría igual estar en otro escenario. Quizás, eso sea lo que más me aterra. ¿Por qué soy yo quien dice esto? ¿Siempre viviré preocupado? Asumo que son las aflicciones de mi corazón cuando su palpitar se rinde ante el miedo.

Siento que tu corazón no está del todo abierto para mí. Probablemente tu Pecho lo está, pero solo anhelas una caricia que te relaje, una mano que te sane, o una mirada que te ilumine… más no un aliento que te haga volar. Es posible que tu miedo te venza, o que ni siquiera pienses en lo que intento hacer o decir. Quizás, cada uno es la lección que el otro necesita aprender. Pero, ambos podríamos perder más de lo que ya hemos perdido. Sin embargo, no deseo perderte; porque de hacerlo mi corazón se rompería en un segundo. Si bien no te veo como pleno complemento de mi vida, he aprendido a amar la figura que se posa a mi lado, frente a mí, y en mis sueños… tras de mí. Eres tú.

Es pesado el manto índigo que cubre mis piernas y se extiende hasta mi cuello, tú en cambio estás desnudo. Tu piel está cubierta de un denso pelaje negro brillante, eres el caballo más brillante que existe. Las estrellas pueden verse en tu lomo, y tus ojos son un par de ellas. Si, eres Hermoso. Aunque, tu naturaleza no te deje verlo. Tampoco dirás nada, porque has decidido permanecer en silencio. Mientras yo sigo preocupado porque la luna no ha aparecido. Quizás, cuando la encontremos, deba seguir mi camino sin una bestia a la cual domar.

Yo he decidido creer en ti. Me he propuesto quedarme a tu lado, aunque mi vestido sea tan incierto y oscuro como una noche sin luna. Montaré esta noche tu brillante lomo, y abrazaré con todas mis fuerzas tu abundante cabellera. Correrás lejos a través de la congelada noche desértica. Las estrellas guiarán nuestro camino, y mientras me duermo sobre ti, sentirás en tu oído mi pecho. Verás como el miedo aun susurra en mi corazón, y lo hace permanecer

en Silencio.

→ Deja un ComentarioCategorías: Caja de Irr

Corazón

Enero 16, 2010 · Dejar un comentario

“Anda, ¿no oyes que están llamando a la puerta?” – “No, no oí nada.” – “Deberías ir a ver, no desconfíes de lo que te digo” – “Está bien, tienes razón… ¡aunque me da una pereza inmensa!” – “Tu corazón no deja de latir aunque estés muy cansado, ¿cierto? Deberías ser más comprometido con estas cosas…” – “Ya, ya. No me regañes, tampoco ando como para eso” – “Ve entonces hacia la puerta” – “Bien, ya me estoy levantando” – … – “No, no había nadie.” – “¿Haz mirado bien?” – “Sólo pregunté si había alguien, y nadie contestó” – “Podría ser alguien que no te escuchó, o simplemente no podía hablar. ¿No te asomaste a ver?” – “No…” – “Deberías hacerlo” – “¿Es una sugerencia o una orden?” – “Queda en tus manos, a la final… siempre haces lo que quieres” – “Iré.” – “¡Bien!” – … – “No vi a nadie, me asomé dos veces.” – “¿Abriste la puerta?” – “No. ¿Por qué la iba a abrir?” – “Podría ser que alguien dejara un paquete en la escaleras” – “Claro, podrían haber sido muchas cosas… También podrían haber sido unos niños traviesos que salieron corriendo” – “¿A quién tratas de convencer?” – “Es ilógico, lo sé. Supongo que a mí mismo.” – “Ve y abre la puerta” – “Tengo miedo.” – “¿Frio? Ponte un abrigo” – “No es frio, ya he sentido suficiente” – “¿Seguridad? Toma el arma en la repisa” – “Dudo que alguien tan malvado permanezca allí tanto tiempo” – “Entonces ¿a qué temes?” – “A que sea alguien que quiera entrar.” – “¿Y qué con eso?” – “No estoy seguro.” – “Ayer, parecías muy animado cuando sonó el timbre.” – “Supongo que el miedo nuevamente se ha sentado a mi lado” – “Vamos. Yo no puedo abrir la puerta. Eres tu quien tiene que hacerlo…” – “Lo sé. Extrañaría todo esto, de cualquier manera. Prefiero estar sólo… contigo.” – “Es que, seguramente, si abres la puerta… podremos sentir ese calor otra vez. Podrían materializarse esas ideas de luz, que ahora no son más que sueños y sombras” – “Sé lo que representa, pero tú más que nadie sabes lo que duele, sabes lo mal que quedamos ambos desde la última vez…” – “Tu no comiste, te tiraste en esa cama y pasaron 2 años antes de que volvieras a salir a la calle cuerdo” – “Tu despacio también te desmoronaste, y todas tus piezas se iban alejando al repicar todas dentro de mí, fue duro armarte nuevamente.” – “Pero, aunque estaba en pedazos… Nunca dejé de latir. Nunca dejé de ser el motor de ese enorme y pesado cuerpo cargado de dolor y lagrimas. No hay vida sin muerte, como no hay amor sin dolor.” – “En teoría, tienes razón, y lo sabes perfectamente.” – “¿Entonces?” – “No sé qué decirte, ya no.” – “Se nos acaba el tiempo.” – “Seguro esperará…” – “Podría ya haberse ido.” – “Estoy temblando aquí, ¿Sabías no?” – “No olvides que estamos conectados” – “Lo tengo claro, desde siempre.” – “A veces lo olvidas, y sabes que has sido inconsciente cuando me has soltado las riendas” – “Nos ha tocado duro…” – “Es cierto que cada guerrero aprende a domar a su propia bestia” – “Si, aunque aún no termino de domarte” – “Bueno, tenemos una buena relación” – “Podría decirse, sí.” – “No me había dado cuenta, que nuestras ventanas también estaban cerradas” – “¿Olvidas que por ahí fue que entró el último?” – “Casi, ha pasado tanto tiempo.” – “Si, es extraño que casi lo olvides” – “Tu deberías haberlo olvidado primero” – “Somos algo contradictorios. Incluso aburridos, a veces…” – “Jajajaja, no me digas eso. Mente Positiva, que tu corazón está bien” – “Si. Me siento un poco mejor ahora” – “¿Irás hacia la puerta?” – “La abriré.” – “Eso es todo, verás que para bien, o para mal… es un sacrificio que nos hará sentir vivos de nuevo.” – “Gracias por enseñarme a ver que todo puede ser un poco más hermoso” – “Gracias por llevarme siempre en lo alto de tu pecho. Es una genial vista y es lo mínimo que puedo hacer por ti.” -

“Gracias, Corazón.”

→ Deja un ComentarioCategorías: Caja de Irr

Hojas Naranjas y Azules

Enero 15, 2010 · Dejar un comentario

A veces, puedes ver cosas con tus ojos, pero no te das cuenta de que están allí realmente… hasta que le preguntas a tu corazón.

Quisiera poder decir que había un conejo al cual perseguí por sencillamente no poner atención en la monótona escena que se daba lugar frente a mí, o mencionar que un gato travieso me invitó a seguirle, pero no mentiré al contar que fue por pensar en ti que pude llegar muy lejos de aquél paraje donde me encontraba, una tarde tranquila en la que el sol suavemente acariciaba mi rostro y el viento me hablaba una y otra vez de lo mismo. Yo asentía positivamente, casi por inercia, sumergido en un profundo espíritu de ensoñación, hasta que apareció tu silueta flotando por el firmamento.

Fue entonces que me decidí a levantarme, y seguir aquella sombra que tanto me atrajo. Eras tú, la silueta que en un principio había dibujado el sol sobre mi rostro, entonces no tuve dudas de seguirte, cualquier símbolo seria mas valioso que permanecer sentado en aquellas raíces, solo con el viento. Comencé minuto a minuto a sentir como cuerpo era invadido por aquella magia, entonces, caí entre muchas hojas secas que yacían a modo de alfombra entre la alambrada de árboles otoñales por los que decidiste entrar a jugar… Mi cuerpo, cual pluma, caía lentamente en un agujero sin final, donde parecía no existir la gravedad. Sólo podía oír un montón de manos que me aplaudían desde los rincones oscuros de aquella profunda caída. Esto me parecía algo conocido, al parecer, mi cuerpo junto a ti, caía en una densa fabula, donde tú eras la gran llave que finalmente abriría mi pequeña puerta.

Pude verte en aquél momento, en esa pequeña estancia en la que finalmente caimos. Tu seguías flotando, solo eras una silueta color humo y semitransparente, que me veía con dos ojos brillantes, carentes de cualquier otro signo humano, pero sabía que me habías querido atrapar y ahora estábamos juntos en aquél remoto lugar. Dejaste en aquel momento, caer una pesada llave de oro, que abría una pequeña puerta cuya cerradura era del tamaño de la misma, la llave apenas podía entrar, y logré abrirla… al otro lado, estabas tú. No vi cuándo pasaste, tampoco tenias la misma apariencia, pero sé que eras tú. Tu piel era azul como el coral y estaba salpicada de delicadas lágrimas de piedras preciosas, tu alta silueta se posaba elegante sobre dos largas y fuertes piernas que se imponían sobre la tierra. Me mirabas desde el otro lado, sostenías un hermoso gato blanco entre tus brazos, dos conejos negros estaban a un lado de tu pie izquierdo, en aquél jardín maravilloso decorado magistralmente con leones y cebras. Todo de pronto se volvió muy confuso para mí, no sabía bien lo que significaban todas estas cosas…

Anhelé estar junto a ti, y entonces en mi deseo me fui volviendo pequeño, cada vez más hasta llegar a ser lo suficientemente pequeño para atravesar aquella puertecilla, lo hice y mágicamente volé hasta ti, que aún estabas parado allí esperándome. Cuando llegué, me senté en tu hombro y lloré. Lloré al reconocer que ahora era demasiado pequeño como para estar a tu lado, y que nuestro amor era sencillamente imposible, puesto que si no hubiese disminuido mi tamaño, no habría podido llegar hasta ti. Entonces, tú me tomaste en tu mano derecha, y me confesaste aquella hermosa verdad. Tu, flotaste frente a mí para que pudiera verte y correr tras de ti, y no te mostraste como realmente eras al principio, porque cuando logré ver a través me fue suficiente para sentirme interesado y eso te conmovió. Entonces, seguiste tu camino, y juntos caímos mientras nos enamorábamos en una canción que iba agravando su tono, hasta quedarnos solos los dos, en silencio. Tu, sin que yo me diera cuenta, entraste en mi corazón que era aquella pequeña puertecilla y dejaste caer la llave que me abría a mí mismo, esa llave que me robaron hacía tanto tiempo y que sólo tu pudiste recobrar. Entonces, sólo fue cuestión de esperar a que reconociera lo mucho que quería estar junto a ti, y pude entrar de nuevo en mi mismo, y sentarme en tu hombro. Ahora, yo era lo suficientemente pequeño, para entrar en tu corazón.

El cielo se iluminó en aquel instante, mientras me estrechabas contra tu pecho, y yo podía sentarme en aquél trono tallado de brillantes rubíes. El tiempo giró frente a los dos, y nuevamente, eras azul frente a mí. No eras más alto que yo, tampoco más bajo, me mirabas directo a los ojos, mi piel era color naranja y al igual que tu, que eras azul, tenia pequeñas lagrimas de cristal por todo mi cuerpo. Te hice una última pregunta sobre aquella mágica historia de la cual éramos protagonistas y te dije: “¿Por qué hemos cambiado?“, y tú me dijiste con una leve sonrisa en el rostro: “Así hemos sido siempre, Amor mío.

Nuevamente, la elipse en su devenir me mostró lo que el viento me decía al principio, era yo la mañana y tú la noche, éramos uno solo los dos, y solo bastaba que me dejara caer en tus hojas para encontrar la canción que acariciaba nuestro amor. Siempre estuvimos juntos, pero desde entonces lo empecé a reconocer entre hojas naranjas y azules,

con lágrimas de cristal.

→ Deja un ComentarioCategorías: Caja de Irr