Caballos Salvajes

Aún estoy algo desorientado. Las luces, el calor, quizás el stress. Tanta gente, tantos rostros, sonrisas y voces, unidos todos en una sola gran masa levitante, feliz y llena de vida. Era una suerte de contraluz, era una algarabía de esperanza y ansiedad, de cientos de miradas brillantes y labios húmedos, dubitantes de separarse y dejar escapar hermosas melodías. Era algo seguro, inimaginable al principio, pero sencillamente hermoso. Todo frente a mí.

Sigo desorientado. El cansancio, el no dormir bien, los números. Hojas blancas y de color, madera azul y amarilla, música y espíritu. Regalos mágicos que han hecho el camino más ameno, más de lo ameno que es por obligación, por compromiso, por satisfacción. No, no son quejas, son experiencias. Son bendiciones. Estoy bien, estamos bien todos.

Me duele un poco el brazo derecho, siento un peso que me oprime, me hala y me detiene un minuto. Quizás, sea la enorme paz que siento en el corazón y me llena el pecho de esta luz incontenible, de este espíritu indomable de saltar esa madera y cantarle al mundo mi felicidad. Esas ganas de abrazar el mundo y decirle que lo amo, que estoy feliz de estar allí y de poder bailar a su lado, sobre él, en él. Es algo que me quema, no me irrita, me purifica y me eleva en el aire. Todo es más claro desde aquí.

Me rio de toda la imagen, de esa retro-proyección a lo que sucedió, a lo que costó. A lo invertido, a lo ganado y lo perdido. A los que se fueron, y a los que llegaron. Todos, los que están y no, sin marca alguna todos están sentados. Ese piano de cristal suena una vez más, y yo abro las enormes y pesadas puertas del jardín donde tomé el sol por tanto tiempo. Soy tonto, quizás… ¡Estoy loco! y me siento tan completo.

No negaré que a veces pienso en cómo sería si pudieras estar aquí. De hecho, aquí estás. No, también. Es una tortura irrenunciable, de esas que yo mismo persigo para que me atrapen, no me quejo; hasta de eso soy cómplice. Soy testigo, y soy feliz. Estoy aquí, todo el peso se vuelve luz y el dolor en la cabeza se torna en una sonrisa cálida, plena y armonizada con estos ojos que no dejan de brillar, que cerrados sueñan con luces y estrellas, contigo siendo una de ellas y con todos en el inmenso universo que nos cobija.

Sigo desorientado, pero es bueno sentirse así. Estoy aquí, sentado y de pie. Tú, estás, te vas y acabas de llegar. Todos ellos, las luces, la alegría, la algarabía está delante, está detrás. Nos circunda este inmenso sentimiento. Sale el Sol, y seguimos montando nuestros caballos salvajes, ¡seguimos siendo Nosotros!… Y entonces, de nuevo,

sale el Sol.

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Acerca de irrangell

Artista Gráfico/Visual, Comunicador Visual, Diseñador Gráfico, Ilustrador, Fotógrafo. Irr Angell es el seudónimo de Manuell Briceño Peña, nacido en la ciudad de Mérida el 29 de Mayo de 1988, Hijo de padres educadores ha sido formado en las diversas disciplinas artisticas y de expresión desempeñándose en campos como el teatro, la danza, la música, el dibujo y la pintura. Actualmente, Irr cursa estudios de Diseño Gráfico y Comunicación Visual en la Universidad de Los Andes, en Mérida. Y ha sido comunicador y desarrollador de campañas de impacto social y activismo politico. La voz de IrrAngell se ha levantado a través del tiempo para ser un potenciador de los mensajes que pocos se atreven a comunicar, y su estilo seguirá renovandose con el paso de los años. “Un poco de Mucho, y un demasiado de Nada” Visita también: www.IrrAngell.com
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